Entre los profesores que más recordamos de los tiempos escolares destaca con nitidez el Padre Enrique Fernández-García, S.J., nuestro profesor de Lenguaje e Historia Universal en el colegio San Ignacio de Loyola, allá por mediados de los años sesenta. Este querido jesuita español, de porte alto, andar pausado, verbo certero y breve, era sólido como un roble y gran devoto de los libros y la literatura.
Si alguien luchó para que tengamos buena ortografía y que la sintaxis no sea solo una palabra con equis, de las pocas que hay en el diccionario, fue el Padre Enrique. Si hoy recordamos a Carlos Martel cuando derrota a los musulmanes en la batalla de Poitiers (Francia), se debe a este ejemplar religioso y gran maestro. En cada una de sus clases -sin falta-, varios de sus alumnos éramos interpelados sobre lo visto recientemente en el curso, y las calificaciones eran anotadas en un cuaderno con letra menuda.
Nunca tuvimos profesor alguno que nos calificara tan frecuentemente y con tanto celo. Contemplar -aunque sea a lo lejos- esa selva de numerillos era entonces un verdadero suplicio. Hoy, evocar ese entrañable objeto de papel nos conduce a esos tiempos, en que Orlando vendía en el kiosco pan dulce de La Moderna, en medio del tropel de los muchachos que se los arranchaba.
Sin levantar la voz, sin proferir palabra fuerte alguna, el Padre Enrique ganó gran autoridad sobre nosotros, que lo veíamos absortos -por la reverencia que despertaban sus canas y su distinguida personalidad. La verdad que Enrique no concedió tregua y a tiempo aprendimos, leyendo y leyendo, que estudiar era la única salida. Sin látigo, pero con el inclemente rojo de las jaladas, que se cobijaban en el cuaderno del Padre Enrique. Luego, tendríamos que escuchar, en el casi ceremonial rito de "lectura de notas", al Padre Cobos, prefecto del colegio, lamentar las bajas calificaciones y regañarnos sin medida ni clemencia.
Muchas cartas cruzamos después del colegio con el Padre Enrique. Varias las conservo con afecto y admiración, pulcramente escritas, usando la palabra con destreza, con los mismos márgenes y simetría típica de nuestro profesor y amigo. Enrique fue luego a trabajar al Instituto Histórico de la Compañía de Jesús, en el Vaticano y escribió uno de los tomos de la Historia de la Compañía. Años más tarde, en 1986 y en viaje de trabajo, lo encontramos en Roma, la Ciudad Eterna. En medio de tomos y manuscritos, en su austera habitación, únicamente un vetusto radio lo acercaba al mundo electrónico. Se podía decir que Enrique pasó días y noches enteras allí, ordenando datos y generando información sobre cada paso, con punto y coma, de los jesuitas en Perú, el capítulo que el redactó.
El Padre
Enrique vive ahora en el colegio San José, en la bella ciudad de Arequipa, y
hasta allí le hacemos llegar un recuerdo de gratitud y cariño, evocando su
vocación de servicio a los demás y, sobre todo, su talento e inmensa
laboriosidad, guardados celosamente, con letra menudita, en su cuaderno de
notas.
Piura, Setiembre 8, 2005
Piura, Setiembre 8, 2005
El
artículo que Usted acaba de leer se escribió en 2005. Y para los miles de
alumnos del P. Enrique, me permito citar la nota luctuosa que el P. José
Antonio Benito S.J. dedicó a la memoria del P. Enrique tan pronto se conoció su
fallecimiento.
Hoy lunes
25 de julio de 2011, fiesta de Santiago Apóstol, el P. Armando Nieto, S.J. me
comunica que el gran historiador jesuita P. Enrique Fernández García, nacido en
tierras de Compostela-Galicia-España hacía 89 años y que llevaba 70 en el Perú,
comenzó a vivir en la eternidad desde su morada de Casa de Fátima, en
Miraflores (Lima). Descanse en paz.
Le visité
meses atrás y me compartió su anhelo de publicar alrededor de 500
biografías de los primeros jesuitas en el Perú. Conversar con el Padre Enrique
era una delicia, dada su prodigiosa memoria, su facilidad para describir, su
generosidad para compartir su investigación. Le dolía en el alma la situación
de la Iglesia, de España, de la Compañía, de la juventud.
Y era un
hombre de oración, de estudio. Reservado como buen gallego, hombre de una pieza
como fiel seguidor de Ignacio, apasionado por la Iglesia, dedicó lo mejor de su
vida al Perú. Les comparto la reseña acerca de su obra maestra sobre la
Historia de la evangelización del Perú. Con mi oración por el eterno descanso
de su alma, va mi gratitud por la gran obra de historia al servicio de la
Iglesia y el Perú, así como su entrega a los jóvenes en el Colegio de la
Inmaculada, Seminario San Jerónimo de Arequipa, su apoyo a la iglesia de la
Compañía y el Colegio de San José en Arequipa.
https://jabenito.blogspot.com/2011/07/p-enrique-fernandez-garcia-sj-el-gran_27.html
Luis Ginocchio
Balcázar
Promoción Cristo Rey
1970
Colegio San Ignacio
de Loyola
Castilla, PiuraNota final. Si mal no recuerdo esta nota (‘El cuaderno del Padre Enrique’) se publicó en el diario El Tiempo de Piura en 2005 en fecha que aún no alcanzo a precisar.
Lima, Agosto 29, 2019
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