domingo, 22 de diciembre de 2019

Porfirio, sacerdote, maestro y peruanista

Luis Ginocchio Balcázar

A inicios de los años sesenta llegó a Piura el sacerdote jesuita  Porfirio Martín Turrión, para trabajar en el colegio San Ignacio de Loyola,  ubicado en ese entonces en los   extramuros de la ciudad. En aquella época, un delgado camino afirmado, paralelo al río Piura, permitía el paso a los alumnos entre médanos y las primeras casas de la urbanización Miraflores, que asomaban por allí. 

El padre Porfirio nació en España pero acumuló un vasto conocimiento de la rica  geografía del Perú.  ¡Quiénes de los que fueron sus alumnos no recuerdan sus inigualables descripciones de los nevados de la cordillera blanca en el Callejón de Huaylas,  las misiones de Santa María de Nieva en la selva norte,  las bucólicas mesetas andinas y el espectacular trepidar de su relato al cruzar los pongos!  Todos aprendimos a viajar hasta esos remotos parajes gracias al padre Porfirio o tío Porfi, que era como coloquialmente reconocíamos a este personaje entrañable.  

Todos sabíamos que Porfirio vivió siempre en armonía con la naturaleza. No sólo la clase era un medio para su magisterio. Recorría diariamente los agrupamientos de eucaliptos y pinos cercanos para respirar aire puro. Promovió la crianza de aves típicas de la región como la soña ó chisca, la chiroca, el peche y la luisa. Los conciertos del segundo piso eran una algarabía de alpiste y pan con leche, que contrastaba con el recogimiento de los patios ignacianos.

Porfirio sintió especial predilección por los algarrobos. Por eso advirtió siempre de los peligros de la deforestación. Declara hostilidades con el ganado caprino criado extensivamente, esto es, mediante el pastoreo, lamentando que muchos bosques naturales desaparecieran año a año. "Si se pierden áreas de algarrobos hay que reforestar", nos decía en el salón y en las tertulias de los sobrios pasadizos del colegio.

Si al final de una clase se veía un tropel de alumnos alrededor de una pequeña sotana, puedo asegurarles que era la magnética personalidad del padre Porfirio. Los niños de aquél entonces siempre encontraron en él un interlocutor abierto, comprensivo, sencillo y ameno. Además, dotado de un singular estilo de humor.  De seguro que Porfirio poseía un don especial para comunicarse con los más jóvenes. Todos éramos amigos de este anciano encantador. Este es nuestro recuerdo de Porfirio Martín Turrión, caballero de la torre roja, como él mismo traducía etimológicamente sus nombres y apellidos.

Padre Porfirio es autor del  "Romance Piura versus Lima" que dedicó a "Mogollón, el trovador", en reconocimiento a un antiguo trabajador del colegio, que además de conocedor de los secretos de jardines y plantas, maneja con destreza rima, guitarra y sentimiento.  Dice Porfirio: "Tres cosas tiene Piura que no tiene la gran Lima: dos embalses, el petróleo y el preciado algodón Pima".  La composición hace un recorrido por parajes, costumbres y atractivos regionales.  

Le canta a los molinos de Miramar, las lagunas de Huaringas, la luna de Paita y la playa de Colán. Se inclina ante la arraigada devoción al Señor de Chocán de Querecotillo, a Nuestra Señora de las Mercedes y al Señor Cautivo de Ayabaca. Admira los deliciosos mangos, limones, pipas y algarrobina,  los huacos de Vicús. Evoca a los pescadores de San Pedro y Virrilá, las dehesas de Pabur y las joyas de Catacaos. A los zapotes, chilalos, pacazos y la ardilla de los eriales.  Con ese poema Porfirio se despide de la Piura que lo acogió con tanto cariño y a la vez se queda con ella.

El Estado le concede las Palmas Magisteriales en 1982 por su incansable labor educativa en beneficio de los peruanos. Quienes fuimos sus alumnos lo recordamos como un sacerdote ejemplar, maestro, confesor y amigo. Gran enamorado de Piura, de sus bosques y atardeceres.  Del aire fresco de las cinco, de su fauna y su calma simpar. Gracias Padre Porfirio por su dedicación y entrega a lo mejor de nosotros: nuestras juventudes estudiosas, inquietas y con la ilusión de saber más para ser más.

Nota. Este artículo fue publicado en octubre de 1992 en la página editorial del diario El Tiempo de Piura. Revisado: Octubre 2004.            

Avenida Piura
22 Dic 2019                                                


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