domingo, 22 de diciembre de 2019

Gracias San Ignacio

Luis Ginocchio Balcázar

Desde remotos lugares llegó la ‘legión de Loyola’ a Piura. Éramos aún niños cuando conocimos a los Jesuitas. No supimos en ese entonces –tercero de primaria- de dónde venían sino solamente que eran sacerdotes, llamados a ser nuestros maestros y la mayoría, personas jóvenes, sabían muchas cosas que nosotros aprenderíamos.

La Piura de fines de los cincuentas que los acogió era para nosotros una ciudad grande, orgullosa de sus tradiciones y que crecía. Las instalaciones del colegio quedaban en los llanos de Castilla y para llegar a ellas había que utilizar un ómnibus. Los salones de clase, amplios y austeros; el agua de beber de esos años para recordar. La naturaleza, desierto y bosque seco que rodeaba todo, fue una aliada en nuestra formación. 

Algunos objetos acompañaron esos años de aulas y tizas. El ‘block de pasos’, cuyas hojas desglosables eran utilizadas para trabajar los exámenes. La ‘efemérides’, una libreta que anualmente registraba muchos datos, de alumnos, padres, y profesores. La revista ‘Avanzada’, que editaba el padre Durand y que repartía el p. Fernández-Dávila. Los ‘informes’, que reportaban a nuestros padres las ocurrencias semanales y las temidas ‘papeletas’, en sus diversos colores, que significaban sanciones.

Desde el p. Ridruejo hasta el maestro más joven, desde el señor Chalupa –llevando la contabilidad- hasta el servidor laico menos visible, tuvimos a nuestro lado un equipo excepcional. Por eso evocamos a varios de esos personajes en su trabajo. Entre ellos destaca el hermano Rafael Bachiller, quien nos sorprendió tanto por su juventud como por su temprana muerte. Los padres Benito, apellido tan ligado al colegio. El profesor Néstor Martos, quien día a día nos enseñó a amar al Perú. El p. Muguiro y su leyenda en el futbol español. 

El p. Enrique Fernández-García y su cuaderno, un ‘bosque’ de notas. El p. Santiago García de la Rasilla, formador de adolescentes y amigos. El hermano Dorado, el mayor testigo de la historia del colegio. El p. Cuquerella, los conjuntos y su joven IMAIL, de tractores y campesinos. Los directores hasta ese entonces, los padres Prado, Bambarén, García Hernández-Ross y Cerrato –algunos de ellos emprendieron ya el viaje de retorno al Creador. 

Y cómo no acordarnos de nuestro p. Porfirio Martín, quien era un anciano mágico y todo un patriarca de la geografía del Perú, quien nos enseñó a amar a Piura, a Nieva y al pongo de Manseriche, y que dedicó su romance ‘Piura versus Lima’ al trovador Mogollón, autor de los jardines que verdearon nuestra infancia y juventud. 

¿Cómo agradecer a tantas personas -sería imposible mencionarlas a todas en tan breve espacio- que han contribuido a forjar medio siglo de la historia contemporánea de Piura? ¿Cómo destacar su viaje a lejanas tierras y entregarse por la formación de ‘hombres para los demás’? Tal vez esbozando estas sencillas líneas como señal de afecto y agradecimiento con los padres jesuitas y sus familias así como con nuestros profesores seglares. No olvidaremos jamás su entrega y las nuevas generaciones seguirán estudiando para ‘saber más y ser más’. De este modo se mantiene vigente lo que desde ese entonces le pedimos a María Inmaculada, que nos acompañe siempre, en especial cuando ‘gima el huracán’ de la vida. Gracias San Ignacio, por esos dones que nos envías y que hoy llegan al medio siglo. Que traigan más y mejores ciudadanos para la Piura que está renaciendo –otra vez.

Artículo publicado en la revista editada por los 50 primeros años del Colegio San Ignacio de Loyola (Castilla, Piura 2008).

Avenida Piura
22 Dic 2019



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